La ilustración goza de una larga tradición, pero desde la entrada en escena de los programas informáticos, esta actividad, se ha diversificado y abierto camino rápidamente creando un sinfín de puestos de trabajo creativos en varios sectores: Internet, televisión, editoriales de libros, medicina y ciencias, prensa, teatro, revistas, cine, grandes empresas, publicidad, etc.

La acelerada evolución de las nuevas tecnologías ha puesto en nuestras manos herramientas extraordinarias para crear ilusiones visuales que resultaban inimaginables hace solamente dos décadas. Todo este lujo de magia tecnológica puesta a nuestra disposición y su dominio técnico veloz, son indispensables para el futuro ilustrador. Pero falta algo, se necesita una base artística sólida basada en el dibujo. Desde el boceto sobre papel, hasta la elaboración digital e impresión; la ilustración requiere disponer, por un lado, de una preparación sólida con la destreza del dibujo forma y, por el otro, de una profundidad reflexiva sobre símbolos y arquetipos culturales que nos rodean. El objetivo de un artista gráfico es poder acceder a los repertorios iconográficos contemporáneos para destilar un estilo personal de expresión en sus ilustraciones, así como llegar a ser un hábil dibujante, y un pensador que plasma ideas y símbolos originales en metáforas visuales.
Los orígenes de la ilustración – antes de la invención de la “escritura” – se remontan a la pintura rupestre en Chauvet, Lascaux y Altamira, cuando los artistas paleolíticos utilizaban carbón y ocre en sus cuevas para ilustrar lo que veían a su alrededor. Históricamente, la ilustración de libros, revistas y periódicos han sido las formas predominantes de este tipo de arte visual, aunque los ilustradores también han utilizado sus habilidades gráficas en las áreas de creación de carteles, anuncios, libros de historietas, animación, tarjetas de felicitación, tiras etc.
Del mismo modo que existe un lenguaje verbal (sea oral o escrito), también existe un lenguaje visual con una serie de componentes que, sometidos a ciertas normas, se organizan para lograr un significado. En el caso de la imagen, los códigos son “las líneas, los colores, los sombreados, los planos y las dimensiones que, combinados en una sintaxis particular, son capaces de transmitirnos el significado que buscamos”.